26 oct 2026 · Centros
La Casa Museo del Campesino reabre para contar Lanzarote desde quienes aprendieron a habitarla
Los Centros de Arte, Cultura y Turismo del Cabildo de Lanzarote y La Graciosa, renuevan el recorrido de este espacio concebido por César Manrique. La visita conecta arquitectura, agricultura, oficios y gastronomía para explicar cómo el conocimiento campesino dio forma al paisaje de la isla.
¿Por qué una casa tradicional recogía hasta la última gota de lluvia? ¿Cómo se podía cultivar sobre un suelo cubierto de ceniza volcánica? La renovada Casa Museo del Campesino invita a recorrer sus espacios a partir de preguntas como estas. Su reapertura recupera y ordena un relato que ayuda a entender Lanzarote a través de las soluciones que encontraron quienes la habitaron.
El conjunto, situado en Mozaga, nació de la mirada de César Manrique hacia la arquitectura popular y la vida agraria. Frente a él se alza Fecundidad, la escultura con la que rindió homenaje a las mujeres y los hombres del campo. La nueva visita parte de esa relación entre arte y territorio y se detiene en los conocimientos que hicieron posible vivir y trabajar en una isla de poca lluvia, viento constante y suelo volcánico.
Una arquitectura que explica cómo se vivía
La casa tradicional reúne soluciones presentes en distintas zonas de Lanzarote. Los patios ofrecen resguardo; las cubiertas conducen el agua hacia los aljibes; los muros protegen los espacios interiores. Cada elemento responde a una necesidad concreta. La vivienda permite comprender cómo se organizaba la vida cotidiana alrededor de los recursos disponibles.
La era, las sillas de camello y el pasillo de los arados amplían esa lectura. Hablan del trabajo agrícola, del transporte y de herramientas perfeccionadas a lo largo de generaciones. En la tahona, el recorrido se acerca al gofio y a su lugar en la alimentación de la isla. Son objetos y espacios que conservan una historia de trabajo compartido y conocimiento transmitido.
También el paisaje agrícola se entiende de otra manera después de la visita. Las erupciones del siglo XVIII cubrieron parte de la isla de ceniza. Con el tiempo, la población campesina aprendió a aprovechar sus propiedades para conservar la humedad y proteger los cultivos. La Casa Museo ayuda a reconocer ese saber en el territorio que el visitante encuentra al salir: refleja lo que fuimos para explicar lo que somos. Son útiles, aperos, usos y costumbres, pero también es esfuerzo colectivo, trabajo, perseverancia e identidad, elementos que descubren una nueva forma de mirar y entender Lanzarote.

Del recorrido a una mirada más atenta
La reapertura incorpora un equipo de informadores y una guía de visita que puede seguirse a ritmo propio. Sus paradas enlazan la escultura, la vivienda, la agricultura y los oficios artesanales. La Plaza de los Artesanos y los espacios gastronómicos prolongan el recorrido hacia prácticas y productos que siguen formando parte de la vida de Lanzarote.
Para quienes trabajan en el sector turístico, esta propuesta ofrece una forma de aportar contexto a la visita. La Casa Museo permite explicar el paisaje que se atraviesa camino de otros lugares de la isla y poner nombre a las decisiones humanas que hay detrás de él: recoger agua, proteger un cultivo, adaptar una vivienda o dar nuevos usos a los materiales disponibles.
Los Centros de Arte, Cultura y Turismo plantean así la Casa Museo del Campesino como un espacio público donde conocer mejor la cultura agraria de Lanzarote y la relación entre sus habitantes y el territorio. La visita es gratuita, dura aproximadamente 50 minutos y puede realizarse todos los días de 10:00 a 17:00 horas.