EXPLORA CADA RINCÓN
Un lenguaje compartido
La Casa Museo del Campesino forma parte de una misma manera de entender Lanzarote, donde arte, naturaleza y cultura construyen un único relato. Su arquitectura y numerosos detalles dialogan con el resto de los Centros de Arte, Cultura y Turismo, reflejando una visión común del paisaje, la identidad y el patrimonio de la isla.
Más allá de la plaza y del Monumento, Casa Museo del Campesino invita a seguir descubriendo cómo la arquitectura, el paisaje, la gastronomía y los pequeños detalles forman parte de una misma historia. Recorre sus diferentes espacios y observa cómo cada uno aporta una nueva mirada sobre la identidad, la creatividad y las tradiciones de Lanzarote.
El túnel
Bajamos por la escalera en espiral rodeada de helechos y culantrillos que te llevará hasta el túnel por el que llegamos al restaurante.
Estás caminando bajo una colada de lava.
El techo que tienes sobre tu cabeza no es una bóveda construida: es una capa de basalto original, de aproximadamente dos metros de grosor, que quedó aquí depositada hace siglos. Para crear este pasaje, se retiró la tierra que había quedado atrapada justo debajo, y se colocaron estratégicamente las rocas volcánicas que forman las paredes.
Fíjate en los huecos verticales de los laterales. No son decorativos: son ventanas al subsuelo. A través de ellos puedes ver las diferentes capas de estratos que se fueron formando a lo largo del tiempo, cada una con su color y su textura. Un registro de la historia geológica de la isla al alcance de la mano.
A lo largo del túnel encontrarás también piezas de cerámica ornamental integradas en la roca. Camina despacio. Merece la pena.
El salón de actos
Este salón está pensado para bodas, bautizos y congresos. Pero si miras con atención, encontrarás detalles que conectan este espacio con el resto de los Centros.
¿Ves esas formas triangulares blancas en el techo circular? Recuerdan a las del Jameo Chico de Jameos del Agua. Los helechos y las claraboyas hacen eco de las soluciones del Mirador del Río. Y la claraboya sobre el escenario, con sus oquedades, imita la silueta de la sombrera de palmito: el sombrero tradicional de la campesina canaria.
Esta repetición de referencias no es casual. Manrique y Soto construyeron cada espacio de los Centros como parte de un lenguaje común: materiales que se reconocen, detalles que conectan unos lugares con otros.
La tasca
Lo que se sirve en esta mesa empieza fuera, en el paisaje. Las papas arrugadas crecen en suelo volcánico. El mojo verde lleva cilantro de los huertos locales; el rojo, pimiento y comino que llegaron con los colonos. El sancocho —pescado seco con pella de gofio— habla de la pesca, del mar y de esa harina de cereal tostado que durante siglos fue el sustento de las islas. El compuesto de cabra, del ganado que pastaba en los malpaíses. Los quesos, de la misma leche de cabra.
Antes de sentarte, fíjate en el habitáculo de entrada. Ahí puedes ver el interior del lagar: el mecanismo de madera utilizado para prensar la uva. Los barreños y recipientes de alrededor servían para recoger el mosto.
Observa también la destiladera: un sistema tradicional de filtrado del agua que todavía hoy puede verse en muchos patios canarios. Gota a gota, el agua pasaba de un recipiente de barro al siguiente, quedando limpia y fresca.
Y señalando la entrada de los baños, dos figuras de barro: los Novios de El Mojón. Te contamos su historia en la última parada.
Continúa el recorrido en la mesa. Consulta la carta del restaurante
La tienda
Antes de salir, una última historia.
Esas figuras de barro se llaman los Novios de El Mojón, y vienen de una tradición muy antigua. El Mojón es una localidad del municipio de Teguise, conocida tanto por su cerámica como por sus cultivos de cebolla, papa y tomate.
La costumbre era esta:
Cuando un hombre quería comprometerse, regalaba a su amada una figura con atributos masculinos. Si ella aceptaba, le devolvía una con atributos femeninos. Así se sellaba el vínculo.
La ceramista que mantuvo viva esta tradición durante más tiempo fue Dorotea Armas (1899–1997). Sus descendientes continúan el oficio hoy, con algunas variaciones respecto a los originales de Doña Dorotea.
Lo que parece un simple objeto decorativo tiene detrás siglos de ritual, de identidad y de memoria. Es lo que encontrarás también en el resto de la tienda: artesanía que no es adorno, sino historia.
Gracias por tu visita